Mis manías y otras cosas que no conoces acerca de mi

12:04 AM

Me gustan las cosas a mi manera, cosas como que duermo arropada así el calor esté en 48 grados, siempre duermo con el diseño de la cobija en el sentido correcto (nada de al reves ni como caiga) NO puedo dormir en paz si el esquinero esta movido o arrugado. Odio las puertas de mi closet abiertas y me desespera dormir con la puerta del cuarto de par en par.

Cuando salgo a tomar me gustan mis tragos con limón, no mucho, no poco, sólo el toque perfecto para que le de el sabor que me encanta. Fumo, (si, fumo) y siempre SIEMPRE quemo una esquina de la cajetilla para que el plastiquito no se salga, odio cuando abren mal una caja de cigarros. Puedo dejar de fumar de ha ratos o sino me provoca, sólo un cigarro es indispensable y obligatorio para mi, y es aquel que va luego de la intimidad.

Duermo con el tv prendido, de lo contrario el sueño no llega nunca, me gusta escribir con bolígrafo azul o portaminas (odio los lápices) y puedo empezar un parrafo 12 veces en hojas distintas sólo porque no me gusta como quedó mi letra.

No puedo salir de casa sin zarcillos y sin mi anillo, puede ser a la esquina, puedo dejar lo que sea, pero zarcillos y anillo siempre van conmigo. Me gusta dar los buenos días y me estresa que no me respondan, peleo mucho y con todo el mundo, pero en especial con la gente que da la cara en una empresa y no saben tratar al público.

Siempre cruzo en el rayado y cuando manejo me estaciono de retro, no hay manera de que me estacione de frente sin dejar el carro torcido. La raya que delimita el puesto debe quedar perfectamente alineada con los cauchos del carro, de lo contrario soy capaz de devolverme y volverlo a encender sólo para arreglarlo.
Soy ladilla, si me duele la cabeza, tengo hambre o frío, me escucharas repetirlo cada 3 minutos hasta que se me quite lo que sea que me achaque, llega un momento que hasta yo me ladillo de mi misma.

No puedo tomar café o jugos sin azúcar, me saben horrible, no me engaño con refrescos light y no reprimo mis ganas de comer algo sabroso sólo porque engorde, el día que muera iré a la tumba felíz así sea con kilos de sobra.

Me lavo las manos cada hora (o más) no me gusta sentirlas resecas, al igual que con la piel de mi cuerpo, me gusta sentirlas suaves y aterciopeladas; la crema es mi mejor amiga. Siempre salgo de la casa con perfume, me gusta sentir que mi caminar tiene aroma, el día que se me olvida me pongo de mal humor.

Le pongo nombre a mis plantas y me acuerdo de todas ellas: Filomena, Maigualida, Dora y recientemente Lulú. (Si, son nombres de vieja, lo sé). Les hablo mientras les echo agua y ellas escuchan calladitas sin emitir opinión, hablo de ellas como si fueran humanas.

Cuando estoy nerviosa me como las uñas y juego con un mechón de cabello o le doy vueltas al anillo, cuando estoy pensando apoyo la barbilla en mi puño o me rasco la cabeza, cuando tengo hambre me agarro el estomago y cuando tengo calor me abanico incesantemente con la mano (así no me llegue nada de aire).

Crítico a quien maneja cuando voy de copiloto pero odio que me digan que hice algo mal mientras voy manejando. Soy impaciente en los semaforos, en los cruces, en las intersecciones. El tráfico me desespera y peleo sola dentro del carro con cuanto inepto se me atraviese en el camino.

Recibo piropos y halagos de cualquiera siempre y cuando sea respetuoso y no se ponga intenso y baboso: digo Amén cuando estornudo y pido permiso para retitarme de la mesa.

No me gustan los hombres rubios, no van conmigo, no me cuadran; me gustan morenos o blancos de cabello oscuro. Siento intriga por los ojos negros y siempre me fijo en las manos de aquellos que hablan conmigo.

Detesto que subestimen mi inteligencia y mis conocimientos, que me lleven la contraria y que no me escuchen cuando digo que mi sexto sentido me está alarmando de que algo puede salir mal, confío en mis instintos y hasta el sol de hoy no me han defraudado.

No puedo ser hipócrita, mi cara me delata; no sé mentir, eventualmente suelto a la verdad porque me consume por dentro; lloro... Lloro mucho, antes me costaba llorar y ahora se me hace super fácil, aprendí a derramar lágrimas cuando lo siento necesario a pesar de que odio lo vulnerable que me hace parecer.

No me gustan los hospitales, mucho menos los velorios, sólo me he acercado a una urna para ver a mi papá y a mi abuela; dar el pésame me parece horroroso, recuerdo tantas personas que me dijeron "mi sentido pésame" cuando mi padre murió y nunca le creí a ninguna; es una frase obligada, cliché, me trae malos recuerdos.

Mis amigas son las mismas desde que estaba en 1er año, son más que hermanas, han estado conmigo en las buenas y en las malas, hemos peleado, me han puesto de mal humor, nos hemos dejado de ver meses y cuando nos reencontramos seguimos siendo las mismas niñas de 13 años que se rien de todo; me aceptan con mis manías y yo hago lo mismo con ellas.

Amo los tacones altos y un buen vino tinto... Esa es la parte que ustedes ya conocen de mi...

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